lunes, 10 de junio de 2013

Un libro inverosímil: el manuscrito Voynich


¿Qué se puede escribir de un libro del que no se conoce su origen, ni quién es su autor, ni en qué lenguaje está escrito, ni qué dice? Pues si buscáis por internet, seguro que encontraréis miles y miles de páginas dedicadas al manuscrito Voynich, con miles y miles de respuestas a estas preguntas (lo escribieron los cátaros, los templarios, los masones, los rosacruces, los atlantes, las hadas, los ángeles… y por supuesto los extraterrestres). Este libro-nada es como un espejo en que cada cual ve lo que lleva consigo, lo que quiere ver, es el instrumento en que se realizan sus sueños y sus obsesiones. ¿No resulta sólo por eso un libro mágico?

Pero podemos empezar hablando de lo que sí se sabe del manuscrito Voynich: en 1912, Wilfrid Voynich, un oscuro marchante de libros antiguos de origen lituano afincado en Nueva York, presentó un libro que había hallado en “un antiguo castillo de Europa meridional”. Según su descripción, era “un pequeño libro en cuarto cuyas hojas varían en tamaño, pero en general miden veintitrés por quince centímetros. Están numeradas con letra del siglo XVI; […] Originalmente, debe de haber contenido no menos de 262 páginas. […] 33 contienen sólo texto, mientras que 211 tienen dibujos, por lo general retocados con acuarela, y casi siempre acompañados de texto”. Por el tipo de dibujos, el libro puede dividirse en las secciones botánica, astronómica, “biológica” y farmacéutica. Pero lo más desconcertante es el alfabeto en que está escrito, totalmente desconocido.



Junto al libro, Voynich había encontrado una carta del siglo XVII escrita en latín, en que su propietario, Marcus Marci, expresaba su intención de enviárselo a Athanasius Kircher, el famoso egiptólogo experto descifrador de escritos antiguos. El autor de la carta menciona a varios propietarios anteriores, entre ellos el emperador Rodolfo de Bohemia, y afirma estar convencido de que el autor del libro es Roger Bacon, el famoso filósofo medieval aficionado a las claves secretas. Voynich estaba entusiasmado con la idea de ganar una fortuna vendiendo el libro como una obra perdida de Roger Bacon, y esperaba que la venta sería fácil una vez descifrado el texto y demostrada su autoría. Un profesor de filosofía, William Newbold, fue su primer y entusiasta descifrador: sus fantásticos resultados son la primera prueba de la capacidad del libro para convertirse en aquello que se espera de él. Por supuesto, sus conclusiones no fueron reconocidas ni llegaron a buen puerto; la falta de resultados hizo perder interés por el libro, y Voynich murió en 1930 sin haberlo vendido. A la muerte de su esposa en 1960, su secretaria reveló la localización exacta del hallazgo del manuscrito. El “antiguo castillo de Europa meridional” era Villa Mondragone, un colegio jesuita de Frascati, Italia. Voynich había ocultado su origen, seguramente porque la compra fue fraudulenta, de hecho el libro aparecía en el catálogo que poseía la Biblioteca Vaticana, donde habían ido a parar el resto de los libros del colegio, pero evidentemente nunca estuvo allí. En 1961 lo compró otro marchante de libros, Hans Kraus, que siendo también incapaz de venderlo, lo donó en 1969 a la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale (donde se encuentran algunos de los más maravillosos libros de la historia; ya hablaré de ellos).


Las pistas históricas permiten seguir a varios propietarios entre 1608 y 1666, pero se pierde toda noticia antes y después de esas fechas. No han faltado descifradores del libro a lo largo del siglo XX, incluido el famoso William Frederick Friedman, el criptoanalista americano que descifró la clave “Púrpura” japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, creada con un proto-ordenador basado en la máquina “Enigma” alemana. No es necesario decir que él tampoco lo consiguió. No es tan difícil de creer: un desciframiento se basa en unos parámetros iniciales. Friedman podía saber que los japoneses seguramente escribirían en japonés; también sabía que el tema de los mensajes era la guerra. Sólo eso ya son unas bases muy sólidas para un profesional, pero no tenemos nada parecido  con el manuscrito Voynich.




Es muy difícil descifrar un escrito del que se ignora el idioma. Los intentos se han basado en la idea de que estuviera en latín, y después en todos los idiomas europeos, pero eso no ha funcionado. Si el idioma es desconocido o inventado, es materialmente imposible descifrarlo. Además, no es tan fácil desentrañar un alfabeto: ¿qué signo es una letra, cuál un apóstrofe, o una letra doble, o no tiene sonido? Si es un alfabeto como el árabe, con letras que se escriben de tres formas diferentes, según vayan al principio, en medio o al final de la palabra, nos encontramos con una ingente cantidad de signos. Pero basta mirar una hoja de la escritura Voynich para dudar de que sea un idioma: en ninguna lengua se escriben cinco palabras seguidas iguales, o tres líneas de palabras idénticas en que sólo cambia una letra. Puede ser un código con apariencia de letras, pero estamos hablando de un par de centenares de páginas escritas, no de un mensaje o una carta secreta; hubiera llevado muchísimo tiempo codificar tanto texto, y el trabajo del descodificador no sería menor. ¿Qué es lo que alguien se ha dado tanto trabajo en esconder?




Pues ni idea, porque el contenido del libro no se puede ni sospechar. Las ilustraciones no ayudan, más bien desorientan. Se han contabilizado hasta 350 especies botánicas dibujadas en el manuscrito, de las que prácticamente ninguna puede identificarse: son inverosímiles mezclas de plantas de raíces aéreas con formas animales u orgánicas. Los sistemas estelares en forma de diagramas, con planetas, estrellas y personajes flotantes, no se pueden reconocer en ningún tratado de la época. Y la llamada sección “biológica” es inclasificable e indescriptible: basta mirar esas formas surrealistas y demenciales, no se parecen a nada que nadie haya creado jamás. Qué son o qué ilustran, es imposible de adivinar. Los dibujos son muy simples, casi infantiles, torpemente coloreados. Se crearon antes que la escritura, que los rodea. Ésta en cambio resulta muy pulcra, increíblemente no hay una sola corrección en los cientos de páginas. Se han identificado hasta doce escrituras diferentes, que pueden corresponder a varios escribanos, a diferentes temas, o tal vez a diferentes lenguas.




Un grupo de aficionados sigue estudiando el manuscrito, para el que se ha convenido un diseño del alfabeto conocido como European Voynich Alphabet (EVA). Aparte de los frikis habituales, hay muchos criptógrafos profesionales que hacen del manuscrito Voynich su hobby. Descartando las teorías frikis, las más creíbles son:

-una falsificación moderna del propio Voynich, pero parece que las pruebas históricas y los experimentos con el libro demuestran su antigüedad.

-una falsificación antigua, pues no falta quien se lo adjudica a Edward Kelley, aquel mentiroso profesional que recorrió Europa con el crédulo de John Dee, afirmando recibir mensajes de ángeles en una lengua misteriosa, y fabricando oro tan falso como él. Era un buen candidato para haber realizado este enorme timo, con el propósito de sacarle dinero al algún príncipe fascinado por saberes desconocidos, tanto como el propio Dee, que le apoyaba; pero ambos se movieron en las mismas fechas en que se conoce el paradero del manuscrito, y nunca coincidieron con él. Queda la posibilidad de que aparezca alguna prueba a su favor.

-la otra teoría es que sea auténtico. Pero, ¿auténticamente qué? No creo que nunca lo sepamos. Para mí, la teoría más estimulante sería la de una secta secreta en algún monasterio perdido, donde algún iluminado recibió revelaciones de mundos fantásticos que intentó reflejar con su pluma, al tiempo que escribía automáticamente en una escritura angélica y divina; escritos que sus acólitos recogieron y copiaron escrupulosamente sin alterarlos ni comprenderlos, en espera de un advenimiento glorioso que revelaría al mundo la verdad que sólo ellos conocían. No hubo advenimiento y todos desaparecieron, dejando un libro extraño que rodó por bibliotecas, redescubierto una vez y otra por ojos atónitos que nunca pudieron conocer su origen. El último de ellos fue Voynich, que lo legó a la época actual, donde nos sobran misterios pero nos falta capacidad para apreciarlos. El manuscrito Voynich es inverosímil, absurdo, fascinante, provocativo. El libro ideal: cada uno puede tener el suyo propio, diferente de los demás; todos son auténticos y falsos; todos lo dicen todo y nada; nunca se agota, nunca se acaba; no se puede leer y no se puede dejar. Cada uno cree que si lo analiza él mismo, encontrará la clave, comprenderá el enigma, le será revelado el misterio, y un ejército de bibliófilos escudriñan sus rincones y lo leen en sueños. Es el cielo y el infierno de los libros. La actitud más valiente es atreverse a dejar las preguntas sin respuesta, un libro-interrogante abierto eternamente, un libro sin contenido y sin conclusión.

-El manuscrito Voynich. Un enigma sin resolver. Gerry Kennedy y Rob Churchill. Editorial Melusina, 2005.

-El manuscrito Voynich completo en la Biblioteca Beinecke.

ÚLTIMAS NOTICIAS: 13 de diciembre de 2015
La editorial española Siloé publicará una edición facsímil del manuscrito Voynich. Para quien pueda costearse el lujo...
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/12/actualidad/1449925015_141355.html

5 comentarios:

Raviel Beut-rom dijo...

Em fascina la teva última teoria, aquest missatge absolutament autístic que hipotitzes, tancat a pany i clau, tan personal i intransferible que fins i tot quan es vol comunicar necesita un llenguatge totalment únic i especific i no-compartit i resulta doncs perfectament incomprensible.
Ens quedem fantasiejant dolçament sobre visions impossibles, móns llunyans, nostalgies d'experiències perdudes per sempre més.

Jan dijo...

Algo que encarece la venta de un libro antiguo es que sea considerado raro, y en este caso es más que raro, es tal como dices inverosimil. Éste parece ser el motivo por el que aquellos marchantes de libros que creyeron hacer un gran negocio con la compra-venta del manuscrito finalmente se vieron frustrados. Y es que hay cosas que por lo inclasificable no es fácil encontrar comprador.
Quien si creo que hubiera sido capaz de descifrarlo es Athanasius Kircher, pero eso sí, con el mismo nivel de fantasía con el que parece estar escrito el manuscrito Voinich.

.

hiniare dijo...

Es cierto que durante mucho tiempo, los jeroglíficos egipcios fueron como la escritura Voynich, un impenetrable mundo de símbolos desconocidos en el que cada uno vio lo que más le gustaba, en el caso de Kircher, maravillosas y fantásticas revelaciones de la sabiduría más antigua de la humanidad. Sin quitarle mérito a Champollion, su desciframiento los redujo al sentido literal y funcional, y ya nunca más pudieron ser leídos con aquella visión mágica y encantada. Por eso, en el fondo, temo que algún día el manuscrito Voynich se descifre: seguro que la realidad es infinitamente más aburrida que todo lo que se puede imaginar de él.

Raviel, no sólo cabe preguntarse quién escribió el manuscrito, sino para quién… A quién se quería comunicar el mensaje incomunicable. Quizá los ojos que debían verlo no eran de este mundo; como los dibujos de Nazca, que sólo los dioses celestes podían ver, quizá este mensaje es para ojos divinos, o para aquellos que sean capaces de mirarlo como tales. Quizá llegará el día en que seamos dignos de que la escritura se nos revele… Sí, ya lo creo, que el manuscrito Voynich despierta la capacidad de soñar.
h.

Raviel Beut-rom dijo...

O, com una altra hipòtesi, encara més, ens trobem devant d'una cosa que "sembla" una escriptura, i no ho és, de la mateixa manera en que el cotxe de "From a Buick 8", de Stephen King, "sembla" un cotxe.

Grzegorz Ostrowski dijo...

Mi sugerencia para descifrar el Manuscrito Voynich es en el hecho de que cada una de sus páginas individuales codifica alguna otra información. El cifrado no es sólo una forma escrita. Voynich manuscrito - no es mi tarea, cifrado clásico escrito, sólo rebus simbólico – ideograma. http://gloriaolivae.pl/