domingo, 15 de septiembre de 2013

En el jardín de la luna y el sol


Ningún lector sensible puede quedarse inmune al acabar las últimas páginas de El juego áureo: 533 grabados alquímicos del siglo XVII, con introducción y comentarios de Stanislas Klossowski de Rola. Me ha llevado mucho tiempo acabar este libro porque tuve que tomarlo a pequeñas dosis para no saturarme. Contiene una destilación muy concentrada de un proceso que comenzó muchos siglos antes y que apura aquí sus últimos sorbos.

El poder de comunicación de las imágenes llegó a través de la cultura griega: los antiguos griegos no podían entender que la escritura egipcia no fuera un alfabeto, creyeron que no transcribía palabras ni un lenguaje hablado, sino que cada imagen representaba un concepto. De esta manera, creían que los egipcios se comunicaban en el lenguaje del intelecto, sin estar sometidos a las restricciones de un idioma; que las imágenes por sí mismas pueden expresar las ideas más complejas, y transmitirlas directamente al alma. De ahí los Hieroglyphica de Horapolo y su impacto en la Europa del


siglo XV, de ahí el boom de los libros de emblemas renacentistas. La esencia de los emblemas era que no fueran evidentes, que el significado auténtico debiera desentrañarse; quizá no se llegaba a saber nunca, porque cada intérprete podía ver algo distinto, algo propio (aquí la relación con el tarot).
 
Los libros de alquimia a menudo eran de autor desconocido, pseudónimo o apócrifo (atribuidos una y otra vez a autores antiguos). Difícilmente podían pedirse explicaciones sobre su significado: se supone que aquel que realmente estuviera interesado en estudiarlos  entendería lo necesario. No se pueden interpretar desde la ignorancia total, pero tampoco es útil acumular datos, pues este conocimiento debe crecer y desarrollarse, enraizar y germinar, razón por la cual nunca podría ponerse por escrito. Puede decirse que estas imágenes suelen ser metáforas de procesos físicos (por ejemplo, una muy habitual es la combinación de contrarios), pero al mismo tiempo, los procesos físicos son mucho más que eso, son expresiones de la conciencia humana, por llamarla de alguna manera (como la necesidad de superar las diferencias). Como no tiene sentido seguir hablando de lo que no se puede expresar, sólo diré que las imágenes están ahí para contemplarlas, meditarlas, interiorizarlas y tal vez vivirlas, proceso que es como el de la vida misma, sin fin.

Algunos de los clásicos imprescindibles son:

Atalanta Fugiens (1617): cincuenta emblemas creados por Michael Maier, cada uno acompañado de una sentencia y una composición musical. El título hace referencia al mito de la corredora Atalanta, ilustrado en la portada. Las piezas musicales, por supuesto, son fugas.

El Rosarium Philosophorum fue editado por primera vez en 1550, y contiene veinte imágenes que describen el proceso alquímico. Estas imágenes fueron versionadas incansablemente en los años posteriores.

Las Doce Llaves, de Basilio Valentin (1599): doce imágenes complejas que han dado lugar a muchas interpretaciones.

No puedo dejar de mencionar las impresionantes ilustraciones de Heinrich Khunrath en su  Amphitheatrum sapientiae aeternae (1595). La combinación de imágenes y texto aún las satura más de significado.

Aparte de los libros impresos y sus preciosos grabados, existen algunos manuscritos especialmente hermosos que también han sido muy influyentes:
 

Aurora consurgens, un texto del siglo XIII que fue atribuido a Santo Tomás de Aquino. El manuscrito que se conserva es del siglo XV y está en la ZurichZentralbibliothek, con inquietantes ilustraciones. El título proviene de un versículo del Cantar de los Cantares (6, 9) “Quae est ista, quae progreditur quasi aurora consurgens, pulchra ut luna, electa ut sol, terribilis ut castrorum acies ordinata?” [¿Quién es aquella que se eleva como la aurora, bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército en orden de batalla?].

El Splendor Solis es un bellísimo manuscrito, de una época en que la imprenta había convertido a esta clase de libros en un extravagante capricho, una curiosa combinación de figuras simbólicas con imágenes de la vida cotidiana y la fauna. Creado por Salomon Trismosin en 1582, actualmente se encuentra en Biblioteca Británica de Londres.

3 comentarios:

amaliA dijo...

Iniare heres unica. soy tu amiga la. diseñadora lla sabes quien soy. heres una artista con las palabras con la pintura con la escultura bueno por fin te he podido mandar un comentari

hiniare dijo...

Hola, diseñadora!
A ver cuándo te lanzas a internet y compartes tus joyas artesanas y todas tus creaciones. Yo desde aquí te daré todo mi apoyo. Así que ya sabes, pronto anunciaremos el lanzamiento de la página de Amalia y su duende guiñador...

Muchos besos!!!
h.

amalia attesana dijo...

Soy amalia esta es la tercera besque ago un comentario y cada vez pongo menos cosas por que cada vez que lo mando lo hago mal bueno lo vuelvo a rrepetir aue escribas mas que heres una escritor Como la copa de un pino adios tu amiga amalia te quiero. besos